|

|
|
Entrevista,
1° parte
RD un país
por el que vale la pena apostar
Un empresario español,
profesional del periodismo y ciencias políticas, que ha tenido
experiencia de corresponsal en el África y Oriente Medio, y ha
dirigido sus esfuerzos laborales a responder desafíos informativos,
comerciales y de producción de medios de comunicación en
España, Perú, Panamá, Francia y República
Dominicana, tiene una mirada confiada en la riqueza de este país
y en su gente.
En una entrevista realizada al Licenciado Juan Fernando Dorrego
ex-director de la Editora del Caribe y ahora profesor en la Facultad de
Periodismo de la Universidad Francisco de Vitoria en España, nos
respondió lo siguiente:
¿Qué
es aquello que a usted le parece atractivo, lo que ha provocado su interes
por este país?
Lo primero que me interesó de República Dominicana fue su
carácter insular, de ahí mi atracción por ese carácter
único que marca a sus habitantes y forma de vida. Cuando vives
en una isla eres bien consciente de tus limitaciones pero al mismo tiempo
debes de asumir que no eres una isla. “Vivimos en una isla pero
no somos una isla” es un principio que los dominicanos deben tener
muy en cuenta, con el añadido además, de que se trata de
una isla en la que habitan dos pueblos y dos Estados.
Desde mi punto de vista siempre había considerado a República
Dominicana como el gran país caribeño por su historia precolombina,
su protagonismo como colonia, su dramática independencia y su tumultuosa
historia moderna. Pero además creía que desde un punto de
vista cultural era el auténtico epicentro de la cultura antillana
que es un cruce de influencias americanas, europeas y africanas. Cuando
llegué aquí como turista comprendí que todas aquellas
intuiciones eran bien ciertas. Desde entonces, y en numerosas visitas,
he podido profundizar en un país al que quiero y respeto profundamente.
¿De
qué cree usted que el pueblo dominicano puede sentirse orgulloso?
Históricamente el país ha sido y es una tierra de asilo.
Un ejemplo elocuente es ver cómo la primera minoría en importancia
del país es la cubana. Los dominicanos son hospitalarios, abiertos
y generosos. Pero además el país es heredero de una riquísima
herencia cultural cuyos rasgos fundamentales son la sensibilidad por la
imagen y la palabra. Tierra de pintores, anónimos y consagrados;
poetisas y poetas célebres, y grandes educadores.
De todos los líderes independentistas y de los caudillos que se
levantaron contra la corona española, las luces permanecen sobre
algunos y las sombras cayeron sobre otros. República Dominicana
tuvo, en mi opinión, el privilegio de tener un padre de la patria
excepcional. Por encima de los otros dos personajes claves de su tiempo,
el es el auténtico “primus inter pares”, el hombre
que entregó literalmente su vida no por la lucha de la independencia,
sino por la causa de que propios y extraños reconocieran las señas
de identidad de lo que es el espíritu dominicano.
Cada año, cuando se celebran las fiestas patrias, se citan muchas
obviedades pero no se reflexiona y amplía la figura de Juan Pablo
Duarte. De todos los líderes americanos, no sólo de la América
hispana sino de la América del Norte, fue sin duda el hombre con
mayor formación cultural y humanista. Es sorprendente el dominio
que tuvo del latín y del griego. A esa cultura clásica sumó
el dominio de varios idiomas y el conocimiento profundo de la cultura
europea, sobre todo la alemana, que es en el fondo la llave de una Europa
compleja. Juan Pablo Duarte siempre consideró la educación
como una cuestión primordial para el desarrollo de su patria. Este
espíritu se ha mantenido bien vivo hastacomienzos del siglo XX.
Pero creo que desde entonces, y de manera progresiva, se ha ido deteriorando.
Si Juan Pablo Duarte estuviera de nuevo entre nosotros nos insistiría
en la importancia de descubrir y mantener los valores humanos, de mantener
una actitud positiva ante todo tipo de dificultades, de mantener la patria
como una tierra de paz y de cultivar siempre nuestra sensibilidad por
el arte y la cultura. Juan Pablo Duarte no necesitó tener una,
dos o tres mujeres y muchos hijos para demostrar su hombría. Su
auténtica hombría fue su amor a la patria, ceder protagonismo
en momentos claves y mantener su dignidad en el torbellino de acusaciones
y descalificaciones.
El espíritu de Juan Pablo Duarte no ha muerto. Está muy
vivo entre nosotros. Y es ahí donde se encuentra precisamente lo
mejor del país y del pueblo dominicano.
¿Qué
oportunidades laborales tiene el dominicano, tanto en el país como
fuera de él, teniendo en cuenta su formación, su carácter,
su hospitalidad?
Ahora la capacidad de obtener empleo depende en buena medida de las personas,
su preparación, su adaptación y su disposición. Uno
mismo es su mejor agencia para buscar empleo, su mejor padrino.
Para el dominicano se abren muchas expectativas. Pero la más importante
de todas es ésta: los demás no van a resolver su problema.
Y los partidos políticos y el Estado tampoco. Pero la herencia
recibida en las últimas décadas ha sido muy negativa. Y
en ese sentido el mandato de Joaquín Balaguer, sobre el que poco
a poco se va arrojando luz, más allá de fanatismos y descalificaciones,
de fobias y de filias, ha ayudado bien poco a desterrar este clima de
paternalismo y de clientelismo.
Para el dominicano
se abren muchas posibilidades en el mundo de los servicios. No se debe
abandonar una agricultura de exportación. Y deben potenciarse las
industrias de las zonas francas más allá de las textiles
a las de las nuevas tecnologías.
En el mundo de los servicios hay que comprenderlo también desde
una perspectiva muy amplia. El primer campo dentro de los servicios es
el del turismo, una de las riquezas importantes del país. Todas
las actividades relacionadas con el turismo tienen varios campos importantes:
el mundo de los hoteles. Desde la gestión al más alto nivel
pasando por todos los departamentos. Un hotel es una gran empresa donde
cada trabajo específico es importante: director general, gerente,
jefes de área, gobernantes, servicio de habitaciones, servicio
de recepción y servicios generales. A eso hay que añadir
la importante área de la restauración: jefes de cocina,
maitres, camareros, barmans, así como los servicios de relaciones
públicas. El sector del turismo debe afrontar también el
mejor conocimiento de las grandes ciudades como Santo Domingo y Santiago
así como las rutas internas. El conocimiento de la historia y la
cultura permitirá crear una red de guías y potenciar un
turismo que cada vez cobrará más importancia.
Pero además
el sector servicios debe comprender también el apoyo a la difusión
de la cultura y la enseñanza más allá de la figura
del maestro o profesor. Potenciar la figura del comunicador, formar expertos
en relaciones públicas, animadores de eventos culturales, animadores
de talleres culturales.
Toda esta cultura
puede ser proyectada hacia el área de la cuenca caribeña
y debería formar parte de las fortalezas dominicanas. En general
hay que crear un espíritu de trabajo serio en los idiomas para
que un país que ama tanto la música utilice esta facilidad
de oído para cultivar desde jóvenes otros idiomas como inglés,
francés y alemán. Es decir, turismo en su amplia acepción,
cultura y relaciones públicas, y proyección para las nuevas
generaciones de la personalidad dominicana en un escenario donde cultura-ocio-turismo
están especialmente conectados. |