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Editorial
La libertad y el trabajo
Cuantas
veces se escucha o se dice la palabra “libertad”, libertad
en las relaciones, libertad en el trabajo, libertad en la vida: “quiero
ser libre para hacer lo que quiera” y en realidad no se sabe qué
hacer con ella. La persona que no tiene trabajo desea constantemente tener
uno y busca los medios a su alcance, la que tiene el empleo se harta fácilmente
y desearía que fuera diferente.
“La libertad no es la pura posibilidad o capacidad
de elegir como me venga en gana. La libertad, en su naturaleza, es el
impulso potente que empuja al hombre a tender al bien. Tanto es así
que la libertad se ejerce realmente cuando el deseo de bien se satisface”.
(1)
El hombre que se dice libre y para ello prescinde de su
historia o de la realidad que vive o de su origen, en realidad está
siendo esclavo de un prejuicio que al principio puede satisfacerle porque
cree hacer lo correcto, pero si es sincero consigo mismo se dará
cuenta que está equivocado. Todo el tiempo nos encontramos ante
“el problema del trabajo” y lo enfrentamos con la exclusiva
idea de que nos sintamos cómodos y que el pago sea bueno; y si
es viable hacer lo menos posible por un mejor sueldo, lo hacemos. Con
el tiempo esta actitud agobia y te hace sentir como cansado de la vida,
aunque seas joven.
Lo verdaderamente importante es que nos demos cuenta que
existe “algo” que nos molesta y nos preguntemos ¿Qué
pasa?, ¿Qué se me pide con esta situación que estoy
viviendo? ¿Por qué me siento insatisfecho? Si se tiene esta
apertura del corazón y de la razón, en el camino se irá
dando la respuesta, sólo hay que estar atentos. Esto ayudará
“al impulso potente que empuja al hombre a tender al bien y que
satisface su deseo de bien”, quizá esto implique ser más
creativo en el trabajo, crear un negocio propio, reconocer mis habilidades
y aplicarlas, ser más ordenado o incluso verificar que es necesario
un cambio de empleo.
Cuantas posibilidades se pueden abrir si tu estas atento
a la vida, si eres verdaderamente libre, si estas dispuesto a adherirte
a aquel bien que se te propone y que sin duda exigirá más
de ti, pero al mismo tiempo corresponderá más con ese deseo
de felicidad que todo hombre lleva consigo. Ésta es la humanidad
de la que habla el artículo titulado “Los países caribeños
ante la competencia internacional” (pg. 2), ésta es la humanidad
que corresponde al juicio expresado por un periodista español al
decir “El país no es la tierra del merengue, la fiesta y
el relajo. Quienes crean eso no conocen la tenacidad dominicana. Pero
para creer en un futuro uno tiene que comenzar a creer en uno mismo. Y
ese es el reto inmediato al que hay que dar respuesta”.
(1)
Luigi Giussani ¿Se puede vivir así?, Ediciones Encuentro,
Madrid 1996, pg. 67.
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